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A sabiendas de todos, el techo es la superficie superior de toda casa, departamento o lugar, cuya función es proteger al individuo y su correspondiente inmueble de todas las implicancias que generan las condiciones atmosféricas. Entre los máximos beneficios de los techos se encuentra su impermeabilidad, su capacidad para prohibir la entrada del agua.
El techo generalmente va a definir el tipo de construcción a la que pertenece, de ahí que existen distintas variantes. Por ejemplo, los materiales que se emplean pueden ser de diferentes clases: zinc, barro, fibra sintética, madera, vidrio e incluso plástico. Asimismo, varía la manera de emplear o construir el techo: hay dos posturas claramente definidas, los techos planos, que presentan una superficie lisa y sin relieve, y los techos inclinados. A la hora de optar por una determinada clase de techo, los hay de varios tipos.
Por un lado, están los techos “a dos aguas”, “a tres aguas” e incluso “a cuatro aguas” y techos con una sola pendiente, es decir, aquellos que cuentan con un solo sitio o vertiente por donde puede correr el agua.
Todas estas posibilidades conforman las pendientes de los techos, es decir, las inclinaciones con las que éstos se construyen para que el agua pueda ser expulsada de la forma más práctica posible.
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