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La arquitectura despojada de esta casa de veraneo se fusiona íntegramente con el hermoso paisaje de Mar Azul. Hormigón a la vista e importantes aberturas de vidrio, permiten captar la luz del sol al mismo tiempo que soportan los fuertes vientos marinos.
Se propuso una arquitectura de mínimos recursos tanto materiales como formales, no sólo como elección estética sino como principio ético de valorización de un uso más racional de los variados recursos disponibles.
A la hora de proyectar, los responsables (Bak Arquitectos) practicaron el ejercicio de "ver por primera vez": dejarse invadir por esas sensaciones que el lugar suministra e imaginar como el propio proyecto los capitaliza, para que así arquitectura y paisaje puedan fundirse.
Lógicamente, se tuvo en cuenta el microclima de playa: la atenuación de los fuertes vientos marinos que se producen debajo de los árboles, la sombra constante que estos suministran protegiendo del calor en verano aunque produciendo un ambiente muy húmedo en invierno, y el hecho de que bajo los pinos se ve reducida notablemente la cantidad de luz durante todo el año.
Consecuentemente, la necesidad de captar la luz dio lugar a concebir la obra como un "semicubierto" y resolverla entonces con grandes paños de vidrio que desde adentro posibilitaran vistas en todas direcciones y desde afuera reflejaran el paisaje, haciendo que la casa se mimetizara con el mismo.
Por otro lado, el terreno posee la particularidad de presentar en el centro y en toda su longitud, a manera de cresta, una elevación de casi 3 metros respecto de sus laterales. Esta singularidad y la necesidad de elevar la edificación por encima de la cota natural del lote para tener vistas al mar, fueron determinantes de la propuesta.
En relación con el barrido del sol y los vientos dominantes, la vivienda debería abrirse hacia el frente orientado al NE y controlar sus aberturas hacia el fondo, orientado al SO y expuesto a fuertes vientos. La fachada lateral, hacia el SE, a pesar de estar sometida a la lluvia y también al viento, debía contar con importantes paños de vidrio para poder ver el mar.
Con estas premisas y trabajando sobre el corte transversal del terreno, se observó que si se colocaba la planta principal de la casa como un prisma montado perpendicularmente en la cresta del médano, desde uno de sus extremos se conseguía vistas al mar, mientras que en el contrario y por debajo, se podía crear una planta de acceso casi a nivel de la calle y, en la misma ubicación, y por encima de este prisma principal, contar con otra planta que podía ser el dormitorio del matrimonio y su baño privado, con una gran terraza con vistas generosas a todo el entorno. La escalera que por lógica organiza los tres niveles, se transformó en un lugar protagónico, de ahí su ubicación estratégica y su estudiado tratamiento espacial con un énfasis puesto en la entrada de luz y las vistas que van generándose en su recorrido.
La necesidad de acelerar los plazos de ejecución de la obra y evitar su mantenimiento posterior determinó a construir con hormigón a la vista. La sombra reinante, por otro lado, permitía utilizar este material ya que la misma suministra suficiente protección térmica desde la primavera hasta entrado el otoño. Su acondicionamiento para el invierno no era demasiado relevante (aunque por supuesto estuvo previsto) ya que su uso es muy limitado dada su condición de casa de veraneo. La aislación hidrófuga se resolvió con un hormigón de gran compacidad y con un estudio de la forma de la envolvente para que la evacuación del agua de lluvia se realizara muy velozmente.
Finalmente, se evitó todo tipo de ajardinamiento no sólo por la comodidad de no mantenerlo sino para evitar dejar expresado límites innecesarios en un paisaje por ahora poco construido, ni sectores contrastantes con las características paisajísticas de este ambiente privilegiado.
Fuente: Arquimaster

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